martes, 31 de enero de 2012

Buscando a Dios









- Entonces, ¿cuál era su motivación?

- Hace unos minutos te recordaba hasta qué punto el difunto rey Henry trató a la Iglesia como si fuera una parte más de su reino. El obispo Henry quiere asegurarse de que nuestro nuevo rey, quienquiera que pueda ser, tratará mejor a la Iglesia. De manera que, antes de asegurarse su apoyo, Henry hizo que Stephen jugara solemnemente que mantendría los derechos y privilegios de la Iglesia.

Phillip quedó impresionado. Las relaciones de Stephen con la Iglesia ya habían quedado establecidas desde los comienzos de su reinado según las condiciones de la Iglesia. Pero quizás aún fuera más importante el precedente. La Iglesia tenía que coronar reyes, pero hasta ese momento no había tenido derecho a establecer condiciones. Llegaría un día en que ningún rey podría alcanzar el poder sin establecer antes un trato con la Iglesia.

                                                                Los pilares de la tierra. Ken Follet.

domingo, 29 de enero de 2012

Quemando rueda














"¿Seguro que lo quieres hacer?"
"Písele a fondo", le respondí
Y lo hizo, como si el pie lo tuviera de hierro y con un cojinete en el tobillo. (...)


Seguimos toda una serie de caminos forestales. Los dos o tres primeros los conocía yo, pero a partir de ahí dejé de saber dónde estaba. Cómo debimos de sorprender a aquellos árboles, que nunca habían visto un vehículo de motor, aparte de los viejos camiones madereros y los trineos mecánicos. Había que ver a aquel pequeño demonio, que con seguridad hubiera estado más a tono en Sunset Boulevard que zumbando entre aquellos bosques, subiendo cuestas avasallador, rugiente, y lanzándose por los declives entre las franjas verdes, polvorientas, del sol de la tarde. Como ella había bajado la capota, me llegaban todos los olores del bosque, esos espléndidos olores que ya conoces, como de cosas que han estado casi siempre en paz, sin que apenas las tocasen. (...)


                                                    El atajo de la Señora Todd. Cuento corto de Stephen King.

miércoles, 25 de enero de 2012

Chalet Dallas





















Veo a uno edificar la casa que le servirá unos años, o setenta, ochenta como máximo,
Veo a otro edificar la casa que le servirá por más tiempo
Líneas negras de lento avance se arrastran por toda la tierra,
nunca se detienen, son los cortejos fúnebres.
El que fue Presidente fue enterrado, y el que es ahora
Presidente sin duda será enterrado.

                                                  Pensar en el tiempo (fragmento). Walt Whitman.

jueves, 12 de enero de 2012

Cuartel General Ricardos

Visita realizada en octubre de 2008. El cuartel fue derribado en 2009 y únicamente se conserva el edificio principal y los jardines delanteros, ya restaurados.














jueves, 5 de enero de 2012

La Casa Negra

          
              Gran casa con bar-restaurante en los bajos, bodega, salón comedor y garaje. Las dependencias familiares, de grandes dimensiones, estaban ubicadas en las plantas superiores. Desde el salón se accedía por una amplia escalera de caracol. En la buhardilla, medio calcinada por un incendio, se encontraban los dormitorios, un cuarto de juegos para los niños y una sala equipada con una sauna portátil.
























                                                                     Sauna portátil








        La casa negra – como Hill House de Shirley Jackson, como esa monstruosidad de prncipios de siglo en Seattle que se conoce como Rose Red – no es cuerda. No pertenece por entero a este mundo. Se hace difícil contemplarla desde el exterior – los ojos nos juegan continuos trucos – pero si uno consigue mantener la vista en ella unos segundos, lo que ve es una vivienda de tres plantas de dimensiones perfectamente corrientes. El color es inusual: toda ella es negra, hasta las ventanas, y tiene cierto aspecto de estar agazapada, inclinada, que plantearía pensamientos inquietantes sobre su integridad estructural. Pero si uno pudiese apreciarla despojándola de los atisbos de todos esos otros mundos, la vería tan corriente como la casa de Fred y Judy…, auque no tan bien conservada.
Sin embargo, es diferente.
Por dentro, la Casa Negra es grande.
La Casa Negra es, de hecho, casi infinita.
Desde luego, no se trata de un sitio para perderse, aunque de vez en cuando ha habido gente que lo ha hecho – vagabundos y algún ocasional y desafortunado niño que se escapa, así como las víctimas de Charles Burnside/Carl Bierstone – y reliquias aquí y allá dan prueba de su paso: jirones de ropa, lastimosos arañazos en las paredes de las gigantescas habitaciones, el ocasional montón de huesos. Aquí y allá el visitante puede ver un cráneo, como los que aparecieron en las riberas del río Hanover durante el reino de terror de Fritz Haarman a principios de la década de 1920.
No es este un lugar en el que uno quiera perderse.     

                                                               Casa Negra. Stephen King/Peter Straub.