lunes, 26 de diciembre de 2011

Le petit zoo



















- Les voy a amaestrar y después les presentaré en el circo.
- ¿A quién? ¿A la doncella?
- ¡No! - dijo el niño enojado - ¡A los gatitos!

Jokus von Pokus se sentó confundido en una silla y se quedó callado durante dos o tres minutos. Finalmente movió la cabeza, suspiró y dijo:

- A los gatos  no se les puede amaestrar. Creí que ya lo sabías.

Mäxchen sonrió victorioso. Entonces preguntó:

- ¿No son los leones iguales que los gatos?
- Claro, claro. Pertenecen a los gelinos carniceros. En eso tienes razón.
- ¿Y los tigres? ¿Y los leopardos?
- También son felinos grandes y carniceros. En eso también llevas razón.
- ¿Se sientan sobre altas plataformas cuando el domador se lo ordena?¿Saltan a través de aros?
- Incluso a través de aros ardiendo - añadió el profesor.

El niño se frotó las manos satisfecho.

- Ahí tienes - exclamó triunfante - ¡Si se puede amaestrar a gatos tan grandes, entonces con mayor razón se podrá amaestrar a los gatitos!
- ¡No! - dijo el profesor, enérgico - ¡Eso no se puede hacer!
- ¿Y por qué no?
- No tengo ni idea.
- Pero yo sí sé el motivo - dijo Mäxchen orgulloso.
-¿Y cuál es?
- ¡Porque nunca lo ha intentado nadie!
- ¿Y tú quieres intentarlo?
- ¡Desde luego! ¡Incluso ya tengo un nombre para el número! En los carteles pondrá: "¡Mäxchen y sus cuatro gatitos, el emocionante y único número de un domador!" ¡Quizás me ponga una máscara negra para actuar! Y además necesito un látigo para hacerlo restallar. Pero ya lo tengo. Cogeré el látigo de mi antiguo coche de caballos de juguete.
- ¡Entonces te deseo que te diviertas mucho, amiguito! - dijo el señor Jokus von Pokus abriendo el periódico.

                                            El hombre pequeñito. Erich Kästner.

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